El Proyecto Florida: tan cerca y tan lejos de la magia

 

En Florida, muy cerca de Disneylandia -ese parque de diversiones que se supone lleno de magia y entretenimiento- existen moteles que sobreviven por un grupo en específico que suele ir de un lado para otro esperando una oportunidad para trabajar en ese espacio tan lleno de brillo. Luminosidad que no llega hasta donde cientos de personas aguardan, algunos junto con sus hijos, por ese visto bueno.

Cuando Walt Disney pensó en construir Disneyland, EPCOT (Experimental Prototype Community of Tomorrow) representó su anhelado sueño de edificar la primera ciudad del futuro, por lo que intentó hacerse de los terrenos que rodeaban a su mundo de magia para tal fin. Pero el proyecto no creció y los dueños de esas tierras, enormes pantanos en aquel comienzo de los 60, vendieron al mejor postor y ahí se establecieron todo tipo de comercios que pudieran aprovechar lo que el parque no se metiera en la bolsa.

Es entonces que un importante grupo poblacional se mudó a las afueras, algunos para aprovechar la economía limitada de algunos paseantes y otros para ingresar al cuerpo de trabajo que mantiene vivo al ratón Miguelito y amigos.

El proyecto Florida” no se centra en los adultos que persiguen ese deseo laboral, sino en los niños que deben acostumbrarse a esa espera y sobrevivir cómo sea.

Sean Baker sigue las aventuras de Moonee (Brooklyn Prince) y sus amigos en un hotel que asemeja una vecindad, donde todos están de paso y a la vez establecidos porque no tienen de otra: deben de estar disponibles por si en algún momento existe una vacante para formar parte de ese mundo de ilusiones.

No sólo es el sarcasmo con que el cineasta aborda esta cercanía – lejanía que tienen los chicos con el “reino mágico”, sino los pequeños momentos que nos enseñan la resiliencia de los niños y su capacidad para adaptarse a situaciones tan crudas.

Baker intenta poner el dedo en la llaga: en Disneylandia abundan los pequeños, felices y gustosos por convivir con sus personajes ficticios favoritos. Afuera, hay otro grupo de niños que tiene que aprender a vivir con drogadictos, prostitutas, ventas de armas y todo aquello que no puede entrar al “reino mágico”. Pero en algún sitio se tiene que quedar.

Se trata de un retrato de ese nuevo “sueño americano”, ahora explorado desde la visión de un trío de chamaquitos que se desenvuelven como adultos por asimilación, porque imitan lo que ven en su hogar. Toman como graciosas las leperadas y rudeza con que sus padres desquitan la frustración por ser relegados una y otra vez del mundo mágico.

El director no quiso que cayéramos en la mismas desesperanza, por lo que inunda la película con colores pastel y atuendos coloridos. Para Moonee y sus amigos no se trata de una dura espera, son días de vacaciones, vive como animal salvaje pero se divierte, busca cómo hacerlo. Esta forma en la que se exhibe la capacidad infantil de soñar y perseguir el lado amable de cada situación convierte a “El proyecto Florida” en un producto tierno pese a la rudeza que amenaza a los protagonistas.

Lo mejor es que Baker no condena ni señala a los adultos involucrados, no son héroes o villanos, simplemente personas impacientes que toman malas decisiones, que muy probablemente -porque nunca se establece- no tuvieron la posibilidad de una educación que les permita una mejor calidad de vida.

The Florida Project” bien pudo llamarse también “el sueño quebrado” porque de eso se trata, de plantear los anhelos hechos trizas de los adultos y las consecuencias que arrastran a los infantes que tienen que ver a sus padres fracasar.

La propuesta de Baker es rica en símbolos. Primero tenemos esa infancia ensuciada que se va extinguiendo justo a unos metros de la tierra donde dicen que los sueños cobran vida. Después se pone bajo el reflector la endeble idea de que todos tienen la posibilidad de triunfar en Estados Unidos. Y para cerrar, tenemos un trabajo realizado por completo con un teléfono móvil, una herramienta del presente, concebida años atrás como “el futuro”, ese mismo que Disney pensó estaría colmado de ciudades pletóricas de brillo, justo al lado donde la fantasía se desborda.

No. En Disney World no hay niños huérfanos vagando extendiendo la mano por comida o diversión. Por eso el final de “El Proyecto Florida” es tan bello. El sentido común dicta siempre a los pequeños que hay que correr al lugar en donde hay felicidad para repartir. Y ya de adultos somos tan testarudos que preferimos quedarnos con quien o donde no lo somos.

 

The Florida Project (2017)
Dirección y edición: Sean Baker.
Guión: Sean Baker, Chris Bergoch.
Reparto: Brooklyn Prince, Valeria Cotto, Willem Dafoe, Bria Vinaite.
Fotografía: Alexis Zabe.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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