Colitas de algodón y la eterna desigualdad social

Colitas de algodón y la eterna desigualdad social

Cuando escuchamos o leemos la palabra “rata” y su contexto es irónico o despectivo hay de dos: o pensamos en un ladrón o en un político. Y esos animalitos no se tienen la culpa.

Roberto Duarte usa una de las metáforas más comunes y populares para hacer un repaso muy divertido y satírico sobre la desigualdad social y cómo la constante lucha por una equidad suele tener fines trágicos y funestos para quienes protagonizan dicho combate.

Ahora, no es que esa lucha por los derechos tenga precisamente que acabar mal, pero nuestra condición humana es la que frena, a veces con violencia, el triunfo de una conquista a la que todos apelamos hasta que se tocan nuestros privilegios.

Cuenta la historia de la confrontación entre las Ardillas y las Ratas que habitan en un parque.

Cuando las segundas toman conciencia de que su desigualdad radica en el “peluche” de sus colas se desencadenará una serie de afrentas ideológicas y políticas, que iniciará con la promesa de una sociedad igualitaria.

Pero, como casi siempre ocurre en este tipo de batallas, los ideales de unos y otros grupos de roedores se verán trastocados culminando en una sangrienta lucha por el poder.

¿Les suena familiar? ¿Dónde lo hemos visto antes?

Desde luego, se trata de un trabajo que señala esta lucha de clases en la que nadie gana porque no existe una voluntad real para conseguir equidad.

Entre bromas recurrentes y mucha de la carrilla actual en redes sociales y medios de comunicación, Colitas de Algodón… reflexiona sobre la segregación, la discriminación y la pérdida de los ideales.

Esta puesta en escena se presenta en el Teatro Silvia Pinal y tendrá funciones los días viernes y sábado a las 20:00 horas y el domingo a la 17:00 horas.

El 1 de marzo salen los boletos en preventa a través de TicketPoint.

La temporada durará hasta junio de este año.

**Fotos: Juárez Góngora

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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