The Post: Los oscuros secretos del pentágono: El periodismo debe servir a los gobernados

 

Steven Spielberg construyó “The Post” como una de esas cintas políticas de los 70 y lo alarmante es que pareciera que después de cuatro décadas poco ha cambiado en el tema de libertad de expresión. Al menos, para varios países, incluyendo México, donde son pocos los medios que aspiran a ser trascendentes a nivel mundial.

Los oscuros secretos del Pentágono” tiene toda la marca del cineasta, incluyendo su debilidad por el melodrama y estos momentos obligados en donde tiene que remarcar quiénes son los “buenos” y quiénes los “malos”. Pero la “cara bonita” del filme es el poderoso discurso que apunta, con valiente certeza, que los medios de comunicación son reflejo de la personalidad e integridad de quien los dirige.

“The Post” es una muy lograda pieza que exalta la labor periodística pero es, antes que anda, la historia de Katy Graham (maravillosa, como siempre, Meryl Streep), la mujer que sin querer tomó las rienda de The Washington Post y lo llevó a convertirse en un periódico referente a nivel mundial.

Lo significativo es que la lucha que libra Graham, inmersa en un mundo de hombres que intentan decirle lo que debe hacer, pensar y decir, es la batalla que libran las mujeres actualmente, en sociedades donde todavía se piensa que no están suficientemente preparadas para tratar asuntos serios, encabezar debates políticos o tener las agallas necesarias para tomar decisiones que cambien el curso de la historia.

El discurso políticamente correcto de “The Post” encantará al americano conservador, pero lejos de ser un defecto es un movimiento inteligente para poner el dedo en la llaga, porque vivimos tiempos en donde las noticias falsas son el pan de cada día, tipos en computadora piensan que hacen periodismo al compartir contenidos de dudosa factura y farsantes se enarbolan en la bandera de la libertad de expresión para denostar, injuriar y afectar a quienes no piensan como ellos. Ética, el nuevo trabajo de Spielberg se centra en el tema y es el aspecto más atractivo de su cinta.

Desde el comienzo, el cineasta establece que vamos ir de lo macro a lo micro. Pasamos de la guerra a recorrer el periódico, metiéndose en las redacciones, paseando por la imprenta, acompañando a los repartidores. Spielberg muestra de modo romántico el día a día de un sitio que parece no existe más. Porque muchos medios de comunicación han dejado de ser esa defensa del lector para convertirse en “gallinas” que comen del “maíz” que avientan al suelo los poderosos.

Por eso comenzamos con los balazos y explosiones de la intervención bélica estadounidense en territorio vietnamita, con tomas panorámicas y abiertas que habrán de convertirse en close ups centrados en rostros y máquinas de escribir. Es el modo de Spielberg de decirnos que las manos adecuadas pueden modificar esas masacres, enfrentamientos donde los que menos responsabilidad tienen en lo que pasa mueren mutilados.

Y así como el periodista tiene el poder de ofrecer una verdad que podría generar cambios de conciencia, el personaje de Graham al frente de su rotativo asume la responsabilidad de señalar lo que cree no es correcto. Se debatirá entre la responsabilidad como medio y la supervivencia económica. Ya todos sabemos cómo acaba la historia.

A Spielberg no le basta con el retrato elegante de aquellos tiempos, sino que entre líneas pone a debate el libertinaje que vive su país (y muchos otros como el nuestro). Todavía mejor: cuestiona la falta de libertades, este disfraz a la medida que gobiernos y gobernadores han diseñado para comprar espacios y medios completos, donde la consigna es: “no nos dicen que publicar, pero ya pasaron a caja, así que por el momento no los tocamos”.

Hacia el final, el filme revela en una frase el verdadero mensaje de “The Post”: el periodismo debe servir a los gobernados, no a los gobernadores. Y muchos nos tenemos culpa de que el oficio agonice en tiempos de la posverdad. Porque no nos preparamos, ya no leemos, no contrastamos puntos de vista. Vaya, ni siquiera cuestionamos lo que vomitan las redes sociales. Sabemos que todo es verdad y todo es mentira, pero compartimos y aceptamos aquello que valide nuestra forma de vida.

Al tiempo que sirve como añoranza por ese modo de hacer periodismo, “The Post” es una enorme metáfora sobre la mujer que no tenía voz ni voto y que cuando lo obtuvo la defendió con todo. Spielberg, con un guión con exagerado tacto, crea la precuela no oficial de la monumental “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976) y nos pide volver a los orígenes, porque muy probablemente mucha porquería pasa frente a nuestras narices, pero en este mundo sobre informado no la hemos podido identificar.

 

The Post (2017)
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Liz Hannah, Josh Singer.
Reparto: Mreyl Streep, Tom Hanks, Bob Odenkrik, Sarah Paulson.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Edición: Saraj Broshar, Michael Kahn.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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