The Disaster Artist: Obra maestra: entre la burla y la admiración

 

The disaster artist: Obra maestra se une a la moda intelectualoide de apreciar productos de baja calidad enalteciéndolos como si en su defectuosa factura hubiera algo más que apreciar, por lo general las “intenciones ocultas” de los creadores de ofrecer algo más de lo que se ve.

James Franco se esmera tanto en ponerse en la piel del fallido Tommy Wiseau que sus productos son similares, excepto por un importantísimo detalle: “The Room” es chistosa de modo involuntaria por la prepotencia y mal gusto del polaco-estadounidense, mientras que “Obra maestra” se burla tímidamente de la primera.

¿De qué va? Dos actores perdedores, cansados de que Hollywood los rechace una y otra vez por su falta de talento, deciden hacer su propia película. Pero para tener control total de lo que ocurre, el intenso Tommy Wiseau compra cámaras, equipo, todo, para hacer la que algunos consideran la película más mala de la historia.

El filme parece más una tesis universitaria que trata de entender los motivos de un pseudo realizador y acaba como un retrato sardónico de la terquedad humana. Porque una cosa es esmerarse para alcanzar un objetivo o un anhelo y otra muy diferente querer ser un brillante matemático cuando no se sabe ni siquiera las tablas de multiplicar.

Lo que aporta “The disaster artist” es el debate sobre las voluntades. Al final, Wiseau logró notoriedad y que su película se vea, que prácticamente todos los interesados en el mundo del cine la conozcan, pero ¿de eso se trata? ¿de ponerse en el reflector? ¿cuál es el fin último del cine entonces? Porque la disputa entre hacer arte y entretener está ahí, siempre, desde que el cinematógrafo llegó a cambiar la vida de millones, pero ¿hacerse notar?

En ese sentido, Wiseau y Franco parecen cortados con la misma tijera, porque hay cineastas que han cimentado su carrera en trabajos que motivan a pensar, que tienen un palpable y poderoso discurso, o ya de plano, quienes se han hecho de un nombre porque saben narrar o divertir. Y otro grupo que intenta llamar la atención con base en excentricidades.

Franco intenta con su mímesis justificar en todo momento al obstinado Wiseau, bajo el precepto de que uno debe perseguir su sueños. Claro, el inepto director tiene los recursos para contratar por semanas a todo un equipo de trabajo, dinero que ya quisieran miles de pobres para llevarse una papa a la boca por lo menos una semana.

Sin embargo, la dirección de Franco llama la atención porque eligió una fotografía que no persigue una estética depurada, se aleja del academismo y se mueve entre personajes como un intruso, con esos desplazamientos tan propios de Lars Von Trier o Thomas Vinterberg (evidentemente, sin llegar a los niveles de estos) para presentar el relato como reportaje y no como ficción. Modos que evidentemente han deslumbrado a muchos en Hollywood, gente que parece no está acostumbrada a estas formas.

“El artista desastroso” se convierte entonces en una “feel good movie”, un intento por exaltar las buenas intenciones sobre las capacidades artísticas, un triunfo de la voluntad por encima de la intransigencia. Es incluso un homenaje al Hollywood más monetizado, ese que puede tomar cualquier historia y convertirla en una mina de oro porque tiene el dinero para hacerlo.

Al igual que la personalidad errática del Wiseau de carne y hueso, Franco se apoya en un reparto fresco pero desangelado para envolver a su personaje con un aura de misterio y validarla como una virtud. Y volvemos al punto de partida. ¿Si está mal hecho, por qué debemos encumbrarlo? Afortunadamente, el de California no intenta homenajear a “The Room”, pero sí la pone en el escaparate y no como objeto de estudio.

Al final queda un amargo sabor de boca, porque nos la pasamos bien y reímos mucho ante la incompetencia. Pero pulula en el aire esta idea de que al final lo que importa es la cantidad de dinero que tengas para llevar a cabo un proyecto y no si existe el talento para poder levantarlo. Así, “The disaster artist” es más triste de lo que parece.

 

Dirección: James Franco.
Guión: Scott Neustadter, Michael H. Weber.
Reparto: James Franco, Dave Franco, Alison Brie, Jacki Weaver, Ari Graynor, Seth Rogen.
Fotografía: Brandon Trost.
Edición: Stacey Schroeder.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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