Cine

Mentiras blancas: cuando negamos lo que somos

La supuesta baja en los índices de segregación y racismo son tomados por algunos como símbolo de modernidad y evolución del ser humano; lo trágico es que el color de piel, las creencias y los hábitos siguen marginando a pueblos y comunidades en todo el mundo, caso concreto el de los maoríes en la cinta Mentiras blancas.

El título pareciera hacer referencia a que las dichosas “mentiras blancas” son estos “inventos del hombre blanco” que señalan que estos males se han reducido. Empero, su significado es más poético y doloroso.

Si bien la historia está situada a comienzos del siglo XX, ello no implica que la realidad expuesta esté alejada de los prejuicios repartidos por todo el planeta que impiden la empatía con otras formas de comprender la vida.

Una curandera neozelandesa es buscada por una mujer blanca y adinerada para que le ayude con un aborto. Cuando la mujer maorí acepta el “trabajo” se irán descubriendo algunos secretos alrededor de la vida de la señora Vickers y su ama de llaves.

La mexicana Dana Rotberg -inactiva realizando largometrajes desde hace más de 10 años y avecindada en Nueva Zelanda- presenta una cinta basada en un novela de Witi Ihimaera, uno de los escritores más reconocidos en esa parte del orbe y cuya literatura explora con talento el choque de culturas en aquel país.

Fiel al cine que presentó en trabajos como Otilia Rauda y Ángel de fuego, Rotberg empodera a sus mujeres protagonistas, quienes son el centro de una cinta que indaga en la necesidad de las minorías de ser aceptadas por las clases dominantes, al grado de sacrificar herencias ancestrales, costumbres y -lo más terrible del caso- su identidad.

La acaudalada Rebecca (Antonia Prebble) hará sentir a la curandera Paraiti (Whirimako Negro) como un peón, aunque poco funcionen las vejaciones en su contra, dado que es una mujer comprometida con su etnia y su cosmovisión del mundo.

El melodrama trata de significar una sorpresa para el espectador, pero el misterio alrededor de estas mujeres es débil, sin embargo, los secretos funcionan más como complemento para una cinta que prefiere adentrarse en los motivos que nos orillan a negar de dónde venimos con el fin de agradar a los que ostentan el poder social.


Mentiras blancas no necesita más que de la interacción de estas féminas para explorar qué orilla a la conversión, a aspirar a modos de vida que se nos venden como ideales, a adoptar conductas de privilegio sólo por la pigmentación e incluso ver con altivez a aquellos que no lograron avances en el escalafón social.

A destacar los incómodos silencios que inundan los espacios cuando estas neozelandesas van desvelando sus intenciones y sentimientos, que contrastan con esta paleta de colores brillantes, una preciosa analogía de los encuentros culturales y confrontación de ideas.

Dicen que las mentiras blancas no dañan a nadie, pero ¿qué sucede cuando ese engaño es contra nosotros mismos? ¿Realmente el color, nuestra vestimenta o bienes económicos pueden convertirnos en algo diferente a lo que dicta nuestro origen?

Mentiras blancas forma parte de la programación de las 58 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional.

 

White Lies (2013)

Dirección y guión: Dana Rotberg.
Protagonistas: Whirimako Negro, Rachel House, Antonia Prebble.
Fotografía: Alun Bollinger.
Edición: Paul Sutorius.

por Juárez Góngora

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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