Los Miserables: cuando el cine se apodera del teatro

 

Les Misérables” es una historia de reinicios, de segundas oportunidades. Víctor Hugo creó una obra que denunciaba la falta de igualdades en una Francia prerevolucionaria y la corta visión de una sociedad que se negaba a entender los “por qué” de los menos afortunados. 16 años después de su llegada a México por primera vez, el regreso no podía ser más impactante.

El Teatro Telcel abre sus puertas para contarnos la historia de Jean Valjean y compañía de un modo totalmente renovado, con interpretaciones más pop y una producción alucinante, más cercana al mundo del cine que al rigor teatral y el resultado es apabullante.

Visualmente, “Los Miserables” impacta, el diseño de producción y el trazo escénico permiten que el público se involucre sin cortapisas con la historia de los pordioseros, las prostitutas y los pobres de esa Francia sucia. Está claro que buscan al público joven, ese que prefiere -la mayoría de las veces- la plasticidad por encima del contenido.

Y no es que la propuesta sea vacua. Por el contrario, la vigencia del texto de Víctor Hugo es espeluznante, si tomamos en cuenta que tras revoluciones y conquistas de los derechos humanos, hay países en todo el mundo donde la pobreza se sigue “barriendo” para ponerla debajo de la alfombra.

El montaje permite momentos de reflexión, pero también alientos cómicos, necesarios si tomamos en cuenta que estamos apreciando “la miseria”. Por eso el trabajo de Sergio Carranza y Michelle Rodríguez como el burdo y simpático matrimonio Thénardier es tan importante. Sin robarse la obra, brillan para colocar la puesta en escena en un apartado ambivalente e irónico, pues celebramos la picardía de los ladrones y abusadores, esos que detestamos cuando las víctimas somos nosotros.

La segunda parte de la obra es la más espectacular. Eso no significa que la primera hora y media sea pálida, pero una vez sorteada la introducción y comprobado el poder escénico de los protagonistas, el montaje se dedica a enviar golpes visuales que funcionan muy bien para quienes se han perdido entre canciones. La escena final de Javert –Nando Pradho– y el cuadro de las alcantarillas es de un diseño bárbaro.

40 actores en escena -28 mexicanos, cinco de Brasil, actores españoles y de otras nacionalidades- “danzan” sobre el tablado entre escenografías muy estilizadas y que realmente transportan a los albores de la revolución francesa.

Los pecados:

  • Una vez más, el entramado amoroso es el más débil de este trabajo, que intenta abordar todos los aspectos de la obra de Víctor Hugo.
  • Con el tiempo también esperamos mayor soltura del reparto infantil, que se lucen en sus intervenciones pero que gritaron en vez de cantar, por momentos.
  • La duración siempre ha sido un tema a considerar. Si eres amante de los musicales no habrá conflicto, pero sí no, probablemente necesites algo para masticar.

 

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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