Esos discos del 2018 que debiste escuchar: estadounidenses

 

Ha llegado ese momento del año en que hacemos un recuento de lo mejor que ha ocurrido en materia de entretenimiento y cultura. En el aspecto musical, decenas de discos aparecieron semanas tras semana para cubrir todos los gustos, pero sólo algunos destacaron por su calidad independientemente del género.

Desde luego, los que mencionamos en estos listados no sólo pueden presumir una nutrida propuesta melódica y rítmica, sino también letras inteligentes y acordes a los tiempos que vivimos, dejando de lado la superficialidad y la rima sencilla.

Los estadounidenses siempre tienen material para vomitar, y aunque los especialistas prefieren centrarse en aquellos trabajos que generaron más ventas por su vena comercial, aquí queremos destacar a aquellos que sobresalieron más allá del gusto de las masas.

 

Deafheaven

No es black metal, no es shoegaze, tampoco post rock y a la vez es todo. Los californianos parten de sus raíces metaleras para adentrarse en la creación de melodías que conforman un contraste total con los gritos ahogados y voces agresivas de George Clarke.

Pianos y teclados son la base de esta placa, sonidos que uno pensaría no tienen cabida en un compendio de guitarrazos. Lo que abunda son las ganas de estos músicos de destruir etiquetas, de darle luminosidad a toda esa penumbra en la que se supone vive inmerso el metal.

Sin duda el trabajo más arriesgado y melódico de la banda y a la vez el más grato, con un concepto mejor desarrollado y en armonía con sus intentos de evolucionar.

 

U.S. Girls

Mujeres víctimas de violencia protagonizan uno de los trabajos más importantes de este año. En la lucha contra la falocracia, el proyecto levanta el puño para encabezar una protesta musical que viene cargada de enojo pero también nos hace bailar.

Rock psicodélico y R&B se mezclan para dar forma a este trabajo conceptual en donde Meghan Remy nos presenta a mujeres que confunden la violencia con amor y relata historias que transitan entre la decepción y la locura.

Es un trabajo que abona a crear conciencia en tiempos donde los cambios de conducta ya no pueden esperar.

 

Mobley

Lo que el hombre del momento de Austin, Texas, logra con su segundo disco de estudio es espectacular. No sólo por construir un álbum pop que va más allá del género, sino porque el multi instrumentalista logra un trabajo que expone su relación con su país como si estuviera refiriéndose a una unión amorosa.

Y en medio, sus letras exhiben al joven adulto americano que se cuestiona a sí mismo para tratar de entender su identidad y la razón de su existencia, sin perder de lado que esta exploración puede ser festiva y alegre.

 

Kacey Musgraves

La texana ama el country, es su vida, y a la vez reniega del género porque no ha sabido enriquecerse de otros ritmos. Es más, quienes comienzan en esta área suelen “convertirse” al pop para alcanzar notoriedad. Y ella hace lo mismo en su nuevo disco, los banjos, las mandolinas y demás instrumentos característicos del ambiente campirano estadounidense quedan en segundo plano, pero no por eso es menos importante en “Golden Hour”.

El sitio preponderante es para las letras, en donde Musgraves relata de forma simple ese modo bucólico de ver las cosas en el Estados Unidos de espigas y campos abiertos.

 

Janelle Monae

Entrega su trabajo más personal hasta el momento.

Navegando entre referencias a su propia carrera, la cultura popular y sus demonios ofrece un discurso poderoso que se cimienta en un R&B que no tiene caducidad.

Se da el tiempo justo para abordar el feminismo, la sexualidad y hasta la condición de la política actual de su Estados Unidos, ahora tan adoctrinado y dividido que no le permite ser quien ella quiere ser.

Construye una placa que nos recuerda que la música puede ofrecer un mensaje sociopolítico y al mismo tiempo entretener.

 

 

 

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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