Esos discos del 2017 que debiste escuchar: Estadounidenses

 

Con la llegada del fin de año llegan también los listados y enumeraciones de lo más jugoso que dejó el 2017 en todos sus apartados.

En el lado musical, como ya es tradición en Gaio Ninja, hacemos un repaso de esos álbumes destacados que piden a gritos una escucha (al menos), porque se revientan de buenos.

Empezamos con los trabajos de los norteamericanos, exclusivamente los materiales de músicos estadounidenses.

 

Sheer Mag

Después de hacer tanto ruido con sus EP’s, por fin llegó el esperado debut en largo, donde rescatan lo mejor de lo que les hemos venido escuchando, con esos sonido a pop buena ondita de los 70, pero cargados de riffs estruendosos.

La propuesta es divertida, hasta con tonos bailadores, pero sobre todo versátil. En ningún momento cansa, porque no hay pista que se repita.

The National

Cuando no son sobresalientes, son notables. ¿Cuántas bandas pueden presumir de que un disco de medio pelo esté por arriba de mucho de lo que se ha estrenado en el año? Y los de Ohio son de esas pocas agrupaciones que son sinónimo de calidad placa tras placa.

Se tomaron su tiempo y valió la pena, pues presentan un “discazo” en donde el melodrama se cuela por cada track, pero la banda logra convertir la experiencia en algo supremo lejos de caer en temas de desamor ligeros e infames.

No pierden la elegancia y son finos para cantarle a la pérdida como pocas agrupaciones pueden. Son, sin duda, una de las mejores bandas de la actualidad y todavía tienen mucha calidad para derrochar.

 

Mount Eeerie

No es nuevo hacer canciones corta venas, como tampoco usar la música y las artes para que los demonios que nos atormentan salgan o por lo menos intentar hacer algo con ellos que no sea autodestruirnos.

Es el caso de Phil Elverum, líder de Mount Eeerie, quien practicamente musicaliza el diario de su vida tras el fallecimiento de su esposa por cáncer de páncreas.

El debate gira en torno así el disco es mejor mientras más grande la tragedia por cantar, lo que a todas luces es un sinsentido. Los modos definen la calidad de una obra, y en “A crow looked at me” arropa las sentidas letras con discretos pianos, un juego de guitarras muy sugerente y percusiones muy puntuales.

Es un trabajo que marca, invita a reflexionar y duele. Todos aquellos que hemos perdido a alguien importante y que hemos enfrentado, directa o indirectamente, alguna enfermedad como la que venció a Geneviéve Castrée lo vamos a entender.

 

Girlpool

Hubo muchos discos de bandas de chicas este año, pero este dúo venido a trío por la necesidad de una batería poderosa se las llevó de todas todas porque en su segundo largo logran una fusión perfecta para entonar un punk de baja fidelidad que se nutre de tintes pop, consiguiendo temas que parecen dulces por las voces, pero que musicalmente son estruendosos y violentos. Un edificante contraste.

Es lo que en los 90 las disqueras no dudarían en catalogar como “alternativo”, porque tiene muchos hits, radialmente vendibles, pero con una ferocidad que no encaja con los canones del pop comercial tradicional.

 

Kendrick Lamar

El hombre de momento. Y no sólo por sus nominaciones en todos lados. Hace mucho que Lamar dejó de ser ese tipo molesto que necesitaba hacer escuchar su voz y contar que la adolescencia en Compton es dura.

Y ese lado brillante se refleja producción tras producción. Lo de “untitled unmastered” fue un respiro, porque su retoño no tardó en madurar y convertirse en un monstruo monumental.

Sigue enrachado y eso nos encanta. Las letras siguen siendo apabullantes, sus rimas igual de filosas pero depuradas, y musicalmente ha encontrado un modo de acercarse al pop si traicionar la esencia del rapero: llevar la contra.

 

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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