Esos discos del 2017 que debiste escuchar: Británicos

 

Continuamos con el repaso de los discos más significativos de este 2017 y toca turno a los autores británicos.

 

Sampha

Hizo de su “Process” un confesionario, en donde expone los demonios que le acosaron mientras vivió el cáncer que atacó a su madre.

Hay artistas que como productores pueden hacer maravillas y Sisay es de esos. Los detalles, presten atención a los detalles, esos en donde la historia se complementa. Uno de los discos más completos que aparecieron en 2017.

 

Bonobo

Cabe aclarar que el ambient electrónico que hace Simon Green no es apto para cualquier oído. No porque sea muy elaborado, sino porque es tan calmo que suele “aburrir”. Así, entrecomillado, porque el también productor y DJ lo que intenta es rescatar sonidos de la ambiente para crear atmósferas al modo de la música de fondo de nuestro día a día. Eso es “Migration“, un placentero viaje entre fronteras.

Recopilando aspectos de todo el mundo, Bonobo pretende hacer un mapa diverso en donde cada espacio tiene una personalidad propia.

The Xx

No es que hayan dicho adiós por completo al minimalismo musical, pero que Jamie Xx se haya puesto colorido con su último álbum en solitario definitivamente nutrió el sonido de la banda pues no se escucha tanta pesadumbre y melancolía en “I see you“. Se percibe que están disfrutando una nueva faceta más amable y eufórica. Hay riffs y beats que ejemplifican que están explorando caminos más iluminados.

Ya no son los chavos deprimidos, siguen cantándole a las experiencias amargas, pero también hay brillo. Los británicos han abandonado las sombras y el disco es sólido, pulcro y encantador.

 

Wolf Alice

Superaron sin problemas el temor del “mortal segundo disco” que aqueja a aquellas agrupaciones que logran conquistar a los especialistas con sus primer largo. Mantienen ese punk pop que a ratos tira directamente al folk en una grata mezcla de ritmos.

Siguen aferrados a sus líricas poco pegadoras, pero musicalmente son un agasajo.

 

Slowdive

Cuando jóvenes estaban llenos de tristeza, temores y sueños por cumplir que les ocasionaban pavor. Por eso se convirtieron en una banda que hizo del shoegaze su forma de vida, una representación de esa cabeza gacha. Han pasado más de 20 años y como adultos regresaron para dar prueba de su paso a la madurez. ¿Se fue todo eso? No.

Y pareciera doloroso que sigan padeciendo como entonces. Pero no. No significa que no hayan crecido, lo que pasa es que los mounstros son otros y para cantarles persisten esas guitarras obscuras, lastimeras. Es como el recuerdo de ese algo que removió tus entrañas por la emoción, ocasionando la misma piel de gallina.

Uno de esos reencuentros que sí tiene sentido, no para vivir del pasado, sino para hacer referencia a él como algo superado pero que dejó enseñanzas. Y que quizás todavía causa algo, aunque en otro sentido

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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