Conciertos

Corona Capital 2015: de la decepción a los aciertos

Hay que ser honestos: esperábamos nombres de mayor peso para el Festival Corona Capital de este año. Parte por los rumores acerca de quiénes estarían -que vincularon a grandes exponentes musicales como Bjork o Foo Fighters– y otro tanto porque el cartel del 2014 fue uno de los más espectaculares que ha existido en la historia de los festivales en México.

Ok, sí, la lluvia y el fango convirtieron la fiesta en el Corona Lodazal. Actos como el de Massive Attack que no alcanzaron ni a llegar a la mitad del set y lo que ocurrió luego con Jack White dejaron un mal sabor de boca. Era justo que hubiera un cartel igual de importante.
Con el anuncio del line up del 2015, la tristeza nos invadió. Queríamos más. Incluso, la burla de los eternos detractores del festival –por considerarlo muy hipster- no se hizo esperar y circularon imágenes como ésta (definitivamente son muy ocurrentes y chistosos).

 

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Pero si analizamos a conciencia el cartel, nos topamos con que la edición 2015 es más cercana al festival de música electrónica que al rock… no, esperen. De eso se trata: quienes están haciendo música actualmente se niegan a ser catalogados, no buscan encajar en un solo segmento ni que los escuchen únicamente cierta chaviza que suelen vestirse iguales aunque se digan originales. La gran mayoría ya no hace temas para que la tienda de discos los ponga en el pasillo izquierdo donde va la “trova contemporánea”.

Los headliners, si bien demasiado “comerciales” como mencionaron algunos, son dos pesos pesados que saben armar la fiesta en serio. ¿Qué pero le ponen a Fatboy Slim? Que si ya estuvo en México, sí, claro, pero el año pasado nadie se quejó al mover el pie cada que sonaba “Eat, sleep, rave, repeat”.

Calvin Harris… que fresón, pero es otro que tocan y uno luego luego reconoce, baila y hasta tararea. Es el momento en que el hater está al lado de la chava que lo friendzonea y se hace buey, levanta las manitas, entiende que el ritmo no le es indiferente y disfruta, aunque sea unos minutos.

Hace varios años atrás la banda underground se quejaba amargamente porque a México “no venían grupos chidos, que porque nadie los conoce”. Aaaaaah, la eterna queja contra el mainstream. Entonces, cuando de repente a alguien se le ocurrió traer a la capital del país a Radiohead hace chorrocientos años no los fueron a ver porque “era una banda de solo un hit” –la mentada “Creep”-. Caso similar ocurrió con Blur.

Hoy, llenan los recintos más espaciosos de la ciudad, callaron las bocas de quienes, con su experimentado colmillo musical aseguraron que ahí no estaba el futuro.

Si algo he aprendido en esta era de “festivalitis” que parece llegó a México para quedarse es que queremos actos de renombre, que nos quiten nuestro dinero con la nostalgia –porque los chavorrucos no podíamos pagar esos eventos en nuestra juventud y si lo conseguíamos era porque le robábamos a los viejos (los de clase media, los juniors siempre pudieron, chido por ellos)-, pero también nos atare descubrir nuevos sonidos, saber qué está proponiendo la chaviza creadora. Igual no traen nada, igual es puro efecto, pero entonces, paren de mamar ¿no que quieren conocer otros modos de hacer música? Quien tiene el dinero para irse a festivalear por todo el mundo o al menos al gabacho, pulgar arriba, pero ¿los que no?

Primal Scream volvió locos a los que tuvimos una adolescencia con una internet incipiente, bajando temas en Napster a una velocidad que era como viajar en las carabelas de Colon de un continente a otro. Aunque les cague, Pixies fue bandera de un movimiento que influyó al mismísimo Kurt Cobain; Ryan Adams rebajado al nivel de folk genérico… ¿neta? ¿esa es su idea del folk? ¿entonces Espinoso Pez, perdón, Espinosa Paz es pop regional, no?

Sleater –Kinney y Father John Misty sacaron este año discos que sin duda estarán entre lo mejor del año. ¿No los han escuchado? Pues ábranles su corazón y paren oreja. Dejen de oír lo de siempre para saber de qué se tratan estas otras propuestas.

Sí, es verdad, no hay un cartel impresionante en la versión 2015 del Capital, pero tampoco es un desperdicio, por lo menos para los que queremos conocer en vivo lo que están haciendo bandas emergentes, que además, no son para nada unos improvisados.


Resulta irónico que The Libertines sea uno de los headliners con sólo dos discos de estudio en su haber, mientras que Spoon y Mew superan la decena de placas entre ambos. No es nada contra los británicos, por algo son una banda de culto, pero el término de “grupos nuevos” creo habla más de quienes los denuestan por ello que del desempeño musical de los mencionados.

Y los “actos de relleno”, esos que van hasta abajo en el cartel. Supongo que hay pocos músicos entre los detractores que nunca tuvieron que pelear un espacio para que les dejen tocar sus temas. La historia de la música está llena de esos “apestados” que casi casi tenían que pagar para que les dejaran presentar un set de 15 minutos. Pero, cuestión de perspectivas.

A mí no me gusta la música de banda, muy probablemente nunca en mi vida vaya a un festival onda grupera salvo que una conquista o asunto del corazón lo amerite, pero lo dudo. Y aunque no pagaría por ir, es simple: lo ignoro, no voy, ni me entero de cómo estuvo y felices quienes sí asistieron y disfrutaron como la apoteósica fiesta de toda su existencia.

Lo mismo pasa aquí: para gustos colores. Pero, se entiende que todos opinen, en esta época multiforos donde cada individuo es experto de todo y nada. Por eso es tan cierto ese dicho “impopular”: la opinión es como el culo, todo mundo tiene uno y piensa que sólo el suyo no apesta. ¡Felices festivales!

*Para los que sí quieren saber de qué se trata eso del Festival Capital en su versión 2015, les dejamos un playlist de esos temas que segurísimo sonarán para ese fin de semana de noviembre.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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