Cine

Bienvenidos al ayer: el tedioso tributo a lo efímero

Hubo un tiempo que hacer películas con cámara en mano se volvió una especie de moda. Para ser honestos, el formato revistió de originalidad a ciertas obras, pero con el abuso se convirtió en un sello de películas que querían aparentar, lejos de proponer. Bienvenidos al ayer es uno de estos lastimeros casos.

Hubo un tiempo que hacer películas con cámara en mano se volvió una especie de moda. Para ser honestos, el formato revistió de originalidad a ciertas obras, pero con el abuso se convirtió en un sello de películas que querían aparentar, lejos de proponer. Bienvenidos al ayer es uno de estos lastimeros casos.

Los viajes en el tiempo, esa obsesión de miles, vuelve a ser tema para un filme que comienza a buen ritmo dado su esquema visual, la mencionada fórmula de la cámara en mano a modo de semi documental. El tan desdeñado formato casero.

Un joven que aspira a ingresar a una prestigiosa universidad descubre unos planos para realizar una máquina que le permite viajar por el tiempo. Con la ayuda de sus amigos, su hermana y la chica guapa de la que se enamora, comenzará a experimentar hasta entender que alterar el pasado a placer tiene consecuencias.

La idea es interesante, sobre todo porque se trata de abordar los saltos temporales sin tanto artificio. Se respeta en todo momento esta idea de la grabación de baja calidad, con encuadres y movimientos de cámara de aficionado -aunque ese exagerado buen pulso ya lo quisiera el más diestro de los cirujanos- e incluso una paleta de colores bastante sosa, pues los ajustes automáticos de los equipos de grabación han avanzado pero no hacen milagros.

Pero, esta justificación de querer grabarlo todo raya en lo chocante. Se entiende la necesidad del modo dado que vivimos en tiempos donde la experiencia no es completa si no existe un registro de por medio: Instagram, Vine y demás aplicaciones que atesorarán tus recuerdos aunque no hayas tenido plena conciencia de ellos cuando ocurrieron por estar grabando. Y tal parece que lo único que importa al filme es dirigirse a ese público de ente 13 y 20 años que tienen pleno dominio de estas tecnologías.

Ahora, para ser todavía más cercanos a dicho mercado, los protagonistas utilizarán el invento para lo que en sus mentes es prioritario: acudir a conciertos, pasar sus exámenes con mejores grados, hacerse de dinero para convertirlo en popularidad. Entonces la película se pone seria y ahí pierde todo tono de frescura.

Y no porque no sea necesario ahondar en el tema favorito de quienes abordan los viajes en el tiempo, la responsabilidad ante lo hecho y deshecho, si no porque hay variados momentos de intimidad, de reflexión, en donde esa famosa cámara omnipresente no tiene sentido.

El filme se vuelve tan tonto que esperar a que termine es un suplicio. Sí, va dirigido a las más nuevas generaciones, pero no por ello debe de ser ridículo.

Si juntamos la cantidad de cintas que han tratado de hacer del “found footage” -metraje encontrado donde los protagonistas son quienes graban los hechos- algo vanguardista, nos topamos con que muy pocos proyectos han tenido éxito en dicha empresa. Súmenle que este viaje en el tiempo no trae nada nuevo para el tópico. Tenemos uno de los desastres más notorios de comienzos de año.

Pintaba interesante, había ideas complejas que prometían resolverse con tino y no ser sólo una cinta de adolescentes salvaseros. En cambio, hay mucho tiempo desperdiciado, metraje que no se explica y sobre todo, las ganas de que al salir de la sala dicho aparato funcione y alguien viaje en el tiempo para advertirnos que hay otras tantas opciones que sí merecen esos minutos de nuestra vida.

Como paréntesis: pese a lo fallido del experimento, se agradece que en esta ocasión el título en español haya sido algo diferente a “Una loca aventura por el tiempo” o “Esta no es otra película de…”.

por Juárez Góngora

 

Project Almanac (2014)

Director: Dean Israelite.
Protagonistas: Jonny Weston, Sofia Black-D’Elia, Sam Lerner, Allen Evangelista, Virginia Gardner.
Guión: Andrew Deutschman, Jason Pagan.
Fotografía: Matthew J. Lloyd.
Edición: Martin Bernfeld, Julian Clarke.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

Twitter 

Comments

comments

Click to comment

Danos tu opinión!

Lo más popular

To Top
%d bloggers like this: