Tom y Jerry viajan por accidente a través del tiempo en un museo. Durante su aventura conocen a nuevos e interesantes amigos y terminan enfrentándose a fuerzas misteriosas.
Tom y Jerry: La brújula mágica / Mâo Hé Lâoshâ: Xîng Pán Qí Yuán
Dirección y guión: Gang Zhang
Quizás en un afán de actualizarse y dejar de ser esa animación en la que abundan los golpes, agresiones y ritmos de comedia de pastelazo, Tom y Jerry sufrieron una transformación que va a dividir opiniones, porque las nuevas generaciones van a encontrar un mensaje alentador y de cooperación frente a las diferencias, pero quienes crecimos con este clásico de Hannah Barbera igual vamos a tardar un poco en comprender por qué los dejaron de lado.
Y es que de protagonistas, el dúo se convierte durante gran parte de la película en personajes secundarios.
Tras una serie de eventos atropellados, como es costumbre en las aventuras de este par, el gato y el ratón son enviados a China, en un mundo donde un dios debe recuperar un objeto extraviado para poder regresar al Olimpo. Y en su tradicional persecusión, los protagonistas habrán de salvar el día sin darse cuenta. O no.
Porque en esta animación que combina diferentes estilos sin mayor razón que darle gusto a los diferentes tipos y artes del equipo creativo, el gato y el ratón tienen breves momentos de camaradería y dejan de lado su modo tradicional.
Afrotunadamente, los nuevos personajes son simpáticos y lo suficientemente atractivos como para no sentir que están reduciendo de más a Tom y Jerry, pero en determinado momento, la aventura toma tintes tan simplones que las situaciones se reciclan y provocan un producto que está por debajo de ciertos clásicos de este par de décadas atrás.
Pero el filme tiene mucho encanto, el suficiente como para arropar a las nuevas adiciones y pasar por alto la modernización de los comportamientos de este dúo, pero sí se nota, y demasiado, esa línea que divide dos mundos.
Hasta parece que la productora china que tomó al par para llevarlos a tierras mísitcas asiáticas está hacienda un intento por educarlos, por demostrar que en la historia correcta pueden dejarse de golpeteos y travesuras para finalmente actuar como paladins de causas justas.
No es la animación más extrema, hay esbozos de un trabajo de mayor acabado, pero tampoco es necesario, porque el giro que le dan a las aventuras de Tom y Jerry, aunque un tanto descuidado, es suficiente para pensar que estos dos podrán ir a cualquier otra locación y espacio temporal a hacer de las suyas. El cómo es lo que nos genera curiosidad.
En tanto, las risas no paran, en determinado momento, porque hay otros en los que el nuevo formato no termina de encajar. O, mejor dicho, son ellos los que se sienten fuera de lugar.
