Raffi se hunde en la adicción, recayendo en clínicas hasta ser expulsado. Su amigo Trino lo acoge, revelando que su amor platónico, Inés, está divorciada. Trino insta a Raffi a desintoxicarse, trabajar para merecer la atención de Inés. Sobriedad, me estás matando
Dirección: Raúl Campos
Guión: Raúl Campos, Félix de Valdivia, Octavio Hinojosa
Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Sobriedad, me estás matando está lejos de satanizar las adicciones pero es muy consciente de que se trata de un severo problema que destruye de a poco la voluntad de los consumidores que no saben en qué momento decir basta.
La apuesta de Raúl Campos no pretende ser un dramón de aquellos en los que el protagonista descubre que ha mal gastado su vida por no saber cortar de tajo sus adicciones. Pretende ser un reflejo cínico del modo de abordar las codepedencias cuando se tiene dinero y puedes darte el lujo de caer en blandito aunque fracases muchas veces.
Y para afianzar su humor negro, hace de su protagonista, Rafi, un hombre de 40 años que no sabe dejar de intoxicarse, un tipo detestable, egoísta y por el cual es prácticamente imposible sentir empatía pese a su problema, pues es un whitexican que se empeña en vivir como en sus veintes sin que haya consecuencias.
Aunque se esmera demasiado en vendernos la etiqueta de humor negro y termina por hartarnos el aletargamiento de Rafi, hay algunas buenas ideas que se concretan en movimientos de cámara que acompañana efectivamente a momentos que causan risa legítima por su mala leche y naturaleza mezquina.
El problema es que a este protagonista lo vemos más como a un sujeto inmaduro e irritante que como a un ser que realmente necesita ayuda. Como quiera que sea, es un hecho que las adiccones resaltan lo peor de nosotros mismos.
El protagonista no tiene reparos en ser un bribón y escudado en un pasado que le dejó profunda huella se premite ser un completo idiota con las personas que le tienden la mano.
El filme encuentra cierta luz cuando no tiene que explicarnos las cosas, cuando el guión se olvida de reforzar con palabras las pretensiones de su realizador, como cuando entendemos por qué Rafi nunca encontró una red de apoyo desde joven y por qué nunca pudo pedir ayuda ante sus carencias.
Es una pena, porque sí aborda muchos mitos en torno a la sobriedad como un estado ideal, pero se quedan al aire como curiosidades y bromas acerca de exigencias sociales como la vida productiva, el balance económico y el comportamiento contenido.
Si pretendía la reflexión a partir del chiste, le sale muy mal, pero como una cinta para conocer una de las muchas caras de las adicciones mientras nos reímos del caos que se genera en la vida de quienes consumen sin control pasa de panzaso.
El filme se siente como un capricho, al igual que el comportamiento de su protagonista, hasta que es visible que la película tiene muchas cosas por decir aunque no sabe cómo, y algunas le salen muy bien y otras terriblemente mal. Exactamente como Rafi.
