Sirat: Trance en el desierto; ¿cómo salir del infierno?

Sirat: Trance en el desierto; ¿cómo salir del infierno?

Sirat: Trance en el desierto; ¿cómo salir del infierno?

Un hombre y su hijo que llegan a una rave perdidos en medio de lo que se describen como las áridas y fantasmagóricas montañas del sur de Marruecos.

Sirat: Trance en el desierto / Sirât Dirección: Oliver Laxe Guion: Santiago Fillol, Oliver Laxe

Sirat es un western al que le hace falta la venganza. Porque no es propiamente una historia de vaqueros pero si un trabajo lleno de tierra, desolación y parajes inhóspitos. Y en medio de tanta nada diferentes ritmos de música electronica fungen como melodía de fondo para hacernos pensar que quizás estamos ante una visión desértica fruto de un estado hipnótico. Para cuando la cruda realidad aplasta a sus protagonistas entendemos que hubiese sido mejor quedarse en el trance que producen los sonidos de un rave cualquiera.

Sirat sobresale porque mezcla con mucha determinación el drama de una búsqueda con la música electronica y en cada beat esconde que se trata en realidad de una postura política, de un trabajo que exhibe todo el tiempo lo que pasa con las víctimas de las acciones de los gobiernos y cómo esos dolientes unen voluntades para convertirse en nuevas familias.

Un hombre y su hijo buscan en una fiesta desértica en Marruecos a su hija y hermana, desaparecida hace meses en uno de esos raves. Conocen a un grupo de jóvenes y deciden seguirlos a una última celebración, pero para llegar a ella tendrán que atravesar un camino lleno de sol y peligros.

En el islam, el sirat es el puente que pasa por encima del infierno y que todas las almas deben cruzar para tratar de llegar al paraíso. Y de eso va precisamente este periplo fuera de lo común, con pasajes que no buscan parecerse a otro filme y que utiliza los elementos propios del desierto y de la música electrónica para acompañar una odisea rara, pese a lo aparentemente genérico de su historia.

Casi media hora de música al comienzo del filme nos pone en el mood apropiado para pensar que habrá mucha diversión y relajación y nada más inexacto pues el grupo habrá de encarar un problema tras otro para tratar de llegar a la meta prometida.

No tiene una narración que sorprenda ni cause sobresaltos, al menos, no en su primera mitad, pero lo que le sobra es una tremenda crueldad para estamparnos la tragedia en la cara en el momento menos pensado y no pretende darnos descanso, porque todo sale terriblemente mal cuando parecía que iba bien.

Es esa estructura de elementos que vienen y van los que se asemejan a la electrónica, con una base calmada con unos cuantos beats de fondo hasta que un break llega a anticiparnos un nuevo climax. Y el desierto es su base. Y la tensión sube con cada nueva explosión de todo tipo.

Oliver Laxe construye un baile feo, triste y maldito, que recrea muy bien esa idea del infierno y lo peor es que ni siquiera hay modo de garantizar que sus protagonistas lleguen a buen puerto. Más bien, parecen destinados a quedarse atrapados en un fuego maldito por siempre.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

Twitter 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Categorías