Grizly Bear
Los de Nueva York siguen en su afán aventurero y su quinta placa no puede ser más satisfactoria. Y pese a lo barroco de sus piezas, cargadas de múltiples sonidos, el mensaje es más poderoso que las armonías. Y de eso se trata.
Nunca han sido una banda fácil de digerir, pero tenían momentos accesibles. Ahora, no se dan tiempo para complacer, se trata de mostrar su madurez individual y cómo han logrado cohesionar el camino que cada integrante eligió. Y lo hacen muy bien. Espectacularmente bien.
Sin duda uno de los mejores discos del año.
Jonáz
Cumbia, hip hop, rock, el regio le pone de todo a su debut solista y arma un relajo tremendo que queda como anillo al dedo para armar la fiesta de noche.
Ocioso hasta no más, no se limita en géneros, simplemente quiere cantarle a la parranda de un modo desenfadado y la carta de presentación es amena. Mucho.
The Cribs
Lo que en 2012 llegó a reventar nuestros oídos, hoy suena como un recuento de éxitos.
Fieles a su esencia, los hermanos dan de guitarrazos como saben hacerlo pero no aportan nada nuevo a un sonido que parece estancado. No obstante, tienen por ahí tres power hits que maquillan un poco la falta de cambios en el álbum, uno que se queda en la media.
