Hemos ido normalizando la apariciones de personajes del internet que se han viralizado por el desborde de sus emociones, por romper con la armonía social y por afectar la existencia de que quienes por A o B comparten un momento específico en un lugar puntual, por lo que se han generando momentos incómodos, violentos, desagradables, reprobables, reprochables e incluso que merecen castigo ejemplar para que no se vuelvan a repetir.
En efecto, me refiero a quienes se han ganado el mote de #Lady o #Lord (lo que sea), un título que ironiza, califica, señala e incluso enjuicia a las personas que protagonizan diversos momentos que con captadas por terceras personas y que se viralizan con la rapidez característica del mundo y la era digital por medio de las #RedesSociovirtuales.
Pero aquí lo más preocupante no es la viralización, es en sí la violencia y las confrontaciones que se generan, así como los señalamientos que se desatan en contra de estos protagonistas de episodios, es decir: Violencia genera más violencia y esto a su vez repercute en la salud mental de las personas que generan estos momentos, quienes son afectadas y de quienes toman partido, exponiendo aún violencia.
Estoy de acuerdo: El sistema de impunidad, la cultura de corrupción, racista, clasista, misógina y homofóbica que permea aún en nuestro entorno social, afecta de sobremedida el libre e igualitario desarrollo de las personas; pero tampoco suelto la idea importante de comprender que hace llegar a las personas a esos episodios de violencia, coraje e ira.
¿Qué les hace explotar? ¿Cuál es el origen de sus violencias? ¿Cómo perciben el entorno social y a las otredades? ¿Debido a qué no se puede calmar ni contener? ¿Dónde se rompió el #PactoSocial por el respeto, la comunicación y prudencia?
Pienso en todas estas preguntas y tampoco suelto la idea de entender los contextos en los que crecen y siguen atravesando la vida de las personas; en lo importante de la empatía y la (auto)compasión como herramientas necesarias y urgentes para la vida en sociedad; y por último, pienso en dejar de estigmatizar y señalar para comenzar a escuchar y reparar a favor de una convivencia mucho más humana, mucho más amorosa.
Todo esto y más lo he ido integrando a mis clases de género, sexualidad, Diversidad Sexual y antropología, y aunque es muy pronto para poder medir resultados, observo como desde un humanismo sensible e interseccional se pueden abrir puertas que nos lleven a todas las personas a construir de manera colectiva un futuro devenir en el que la violencia sea la rareza y su aparición sea cada vez menor, como síntoma de una salud mental que se está abordando y de una sociedad que individual y colectivamente está sanando.
Texto de Oscar Mendoza
You may also like
-
FACC: Por una sexualidad libre, abierta y placentera
-
Segunda cerveza colaborativa hecha por integrantes de la comunidad LGBTIQA+
-
“¿Puedes verme?” y el Teatro Helénico ofrecen funciones relajadas para recibir a personas con autismo
-
Una celebración por la diversidad: 28 edición del Festival MIX México
-
Un actor malo: la agresión sistemática que no sabemos (queremos) reconocer