La única opción, la del capitalismo voraz

La única opción, la del capitalismo voraz

La única opción, la del capitalismo voraz

Un hombre es despedido de la compañía papelera donde llevaba 25 años trabajando. Algún tiempo después, y aún desempleado, se le ocurre una solución: eliminar realmente a su competencia.

La única opción / No other choice
Director: Park Chan-wook
Guión: Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi.

El capitalismo voraz que nos consume poco a poco, alimentándose de nosotros hasta dejarnos secos y sin recursos emocionales es el que satiriza con malévola gracia Park Chan-wook en su película La Única Opción.

El icónico realizador sudcoreano cambia su tradicional violencia por un humor negro mortecino para adaptar la novela The Ax, de Donald Westlake.

Convierte a un hombre común en un ser deseoso de atropellar a todo aquel se interponga en su necesidad de ser útil laboralmente otra vez, luego de ser despedido por ser un emplado obsoleto más cuando la empresa para la que trabaja es adquirida por nuevos dueños.

Como quien decide jugar con los elementos a la mano, el cineasta combina en su primera mitad un humor extravagante con situaciones ridículas y momentos chistosos, pero se transforma para la segunda parte, construyendo una reflexión mordaz, perversa y hasta triste de lo que el sistema económico capital hace con nosotros.

Pletórico en recursos narrativos, Park Chan-wook construye un acto final magistral, con encuadres y desplazamientos de cámara que nos retratan cuan pequeños somos moralmente al momento de tener que elegir entre nuestro bienestar y el de los demás, en medio de un esquema que pide forzosamente la destrucción de unos para la supervivencia de otros.

Y en medio de esa familia que ve al líder económico desmoronarse por la falta de un empleo, una niña que toca el violenchelo se espera a que se haya desatado el caos para finalmente hacer una pieza que acompañe al caos, a esa larga espera para engrosar las filas del corporativismo, que va tomando un nuevo rostro ahora en los comienzos de una automatización mundial.

Todos los personajes han sido tocados por la garra ambiciosa de un esquema que devasta por igual la naturaleza como nuestras almas. Y para ejemplificar los estragos que ocasiona en nuestros ánimos, el director se decanta por las alegorías simples pero estilizadas que rebosan en un trabajo con tintes de tragedia.

Sus fundidos de imagen y sus transiciones dicen mucho más que los diálogos de los protagonistas, sumergidos en una adicción de reconocimiento que no se sacia de ninguna manera. Es igual grosera en los modos como plasma nuestros anhelos como víctimas y constructores del capital, así como su extensión que no se justifica ni con las ansias de crear detallados símbolos.

Lo más extraño es que nos encanta con su perversión, nos divierte con el espíritu destrozado de cada uno de esos personajes que ha sido escupido por el sistema, que ya no sabe qué hacer una vez que se le han drenado todas las energías. Construye un delirio inquietante, porque nos muestra el colapso de otros, aunque sabemos que en el fondo es un retrato de nosotros mismos.

No podemos decir que “No other chocie” nos conmueve, aunque debería, pero a sabiendas de que igual en unos años nosotros pudiéramos ser esos seres sin rumbo, expulsados del organigrama productivo por nuestra condición vetusta ¿qué nos queda? ¿Llorar? ¿O mejor reírnos? Al final, todos somos esos árboles desechables que algún día seremos simple abono que nutra las energías de troncos más firmes y jóvenes.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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