Jugada maestra: mucho cinismo y poco talante

Jugada maestra: mucho cinismo y poco talante

Jugada maestra: mucho cinismo y poco talante

Becket Redfellow, el heredero de una fortuna multimillonaria que no se detendrá ante nada para conseguir lo que se merece o lo que él cree que se merece.

Jugada maestra / How to Make a Killing
Dirección: John Patton Ford
Guion: John Patton Ford, Robert Hamer, John Dighton

Como una colección de depravaciones a partir de los caprichos de una clase adinerada que se cree merecedora de todo con solo respirar, es muy divertida ante toda la mala leche que derrama en cada diálogo cínico y actitud altiva del protagonista.

Sin embargo, esos asesinatos que se van sumando de a poco transforman Jugada Maestra en una cinta con pocas emociones que ofrecer y que todas las sensaciones que deja su primera mitad se vayan diluyendo conforme el director John Patton Ford añade nuevas complicaciones a una trama que como sátira funcionaba bien por su inverosimilitud.

Su aire sombrío en el primer acto auguraba un despliegue de sarcasmo de grandes proporciones, pero se tropieza constantemente con giros mal logrados y con una dirección que apela al carisma de sus personajes, sin siquiera ocuparse en cobijarlos con diálogos filosos.

Porque estamos hablando de un filme que evidentemente señala la mala suerte de los desprotegidos y el mundo superfluo y vanal en el que se mueven quienes tienen el poder económico suficiente como para desechar personas a placer.

Cuando se burla de todo eso, incluso de quienes la pasan mal por capricho de los poderosos, funciona muy bien, pero cuando llega el momento de hacer de esto un tremendo dramón va perdiendo en emociones y lo que era una agradable carnicería empieza a coquetear con cierta moralina que desencanta.

Al final se salva porque Qualley interpreta a uno de esos personajes tan diabólicos como envolventes y es ella quien se aferra a ese comportamiento cínico de quien busca preserver su estatus a costa de lo que sea y quien sea.

Es amena y entretiene, pero tiene este falso aire de elegancia que no alcanza para sentir que estamos viendo la decadencia de una clase adinerada que se jacta de pulcritud, cuando en el fondo saben que se mueven en un cochinero.

How to make a killing es fácil de seguir porque las situaciones nos provocan morbo, pero sus personajes, los que no mueren, se van cayendo a pedazos en personalidad en un tono que contradice todo lo que nos vendió en un comienzo.

Su aire reflexivo del final se siente chocante. Nos quedamos con esa media hora inicial con un tipo dispuesto a todo para cobrar venganza aunque su misión sea igual de ridícula y disparatada como pensar que para alcanzar ciertos niveles de riqueza no tiene que pisotear fuerte ciertas voluntades y almas.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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