Entre el 8 de agosto y el 28 de septiembre de 2025, el Teatro Milán abre sus puertas a Equus, la obra de Peter Shaffer que, medio siglo después de su estreno, sigue incomodando como si hubiera sido escrita ayer.
Miguel Septién dirige y traduce este montaje que no se plantea como una simple reposición, sino como un acto ritual que obliga al espectador a mirar de frente aquello que preferiría mantener en la sombra.
Un teatro que no se mira, se atraviesa
Desde el inicio, Septién apuesta por el cuerpo y el movimiento como la columna vertebral de la experiencia. No se trata de ilustrar la obra con gestos, sino de construir un lenguaje físico que convierta el escenario en un espacio de comunión. Los caballos, más que personajes, son presencias: mitos encarnados que devuelven al público a un territorio arcaico y visceral.

El juego de los espejos
En el centro de la historia se encuentran Martin Dysart (José María de Tavira), un psiquiatra atrapado en la rutina, y Alan Strang (Emilio Schoning), un adolescente que ha cegado a seis caballos en un acto incomprensible. A través de su relación, la obra no busca una respuesta clínica ni moral, sino abrir la herida: ¿qué pasa cuando una vida se queda sin pasión, sin misterio, sin deseo?
El elenco lo completan Flor Benítez, Héctor Berzunza, Humberto Mont y Luz Olvera, voces que refuerzan la densidad coral de esta liturgia escénica. De Tavira reconoce que el texto desvela “sendas oscuras en las personas que la sociedad limita”, mientras que Schoning subraya que Alan no es un loco, sino alguien que se atreve a sentir con una intensidad que el mundo no tolera.
El filo de la pregunta
Equus encarna esas preguntas que casi nunca nos atrevemos a hacer. ¿Quién está más cerca de la locura? ¿El que rompe las normas en busca de una grandeza personal, aun a riesgo de perderlo todo, o el que acata cada regla con tal de encajar en un molde de éxito que no eligió para sí, sino que alguien más dictó? Shaffer no ofrece respuestas. Nos deja frente al dilema, con la sospecha de que lo insoportable no es el exceso de deseo, sino la sequedad de una vida obediente.

Vigencia incómoda
En tiempos donde la atención se disuelve entre pantallas, permanecer casi tres horas en un teatro puede sentirse como un desafío. Pero esa es precisamente la apuesta de Equus: resistir la tentación de lo rápido y permitir que la escena nos sacuda sin interrupciones. Septién lo resume así: “No viene a decir que está mal lo que hacemos, viene a recordarnos que la modernidad nos está secando”.
Razones para verla
Porque Equus no es teatro para “entender”, sino para dejarse tocar. Es un espejo oscuro que devuelve preguntas incómodas, un ritual que nos recuerda que la locura, a veces, no está en sentir demasiado, sino en renunciar a sentir.
FUNCIONES
Lugar: Teatro Milán (Lucerna 64, col. Juárez, CDMX)
Funciones: Viernes 20:00 h, sábados 19:00 h, domingos 17:00 h
Duración: 160 min., en dos actos
Público: Mayores de 18 años
Boletos: Taquilla y Ticketmaster
Texto: Alma Olivares
Fotos: Pop Comunicaciones
You may also like
-
En el purgatorio de la conciencia: el juicio de Judas Iscariote llega al escenario
-
“Trino, en búsqueda de su poder interior” tendrá nueva temporada en el Teatro Helénico
-
El Esperanza Iris celebra 35 años de “Caña y candela pura”
-
Visibilizar las violencias que forman parte de la migración: La cuerpa que migra
-
Miguel Septién dirige la nueva versión de “Equus”