Judas regresa. No con las monedas en la mano ni con la sombra del árbol, sino con un traje de reo y un tribunal que lo espera en penumbras.
El escenario es un purgatorio suspendido, un sitio llamado “Esperanza” donde lo que se pone a prueba no es solo su traición, sino la idea misma de justicia divina.
Los últimos días de Judas Iscariote, escrita por Stephen Adly Guirgis en 2005, llega a México bajo la dirección de Marco Vieyra y la producción de Casa Spanda. El montaje es un juicio, sí, pero también un espejo incómodo: cada espectador se sienta en la butaca y descubre que, de algún modo, también ha sido citado a declarar.

Un tribunal que incomoda
Por el estrado desfilan Freud, la Madre Teresa de Calcuta, María Magdalena, Poncio Pilato y hasta el mismísimo Satán. No son apariciones solemnes: cada uno se muestra con contradicciones, ironías y grietas que los vuelven extrañamente cercanos.
El humor, aunque constante, nunca es un respiro del todo. Más bien es un disfraz de la incomodidad: la carcajada surge, pero de inmediato se congela. De pronto uno se descubre riendo de Judas… y el eco de esa risa resuena demasiado cerca de la propia conciencia.

Voces cruzadas, preguntas abiertas
La obra no absuelve ni condena. Levanta un coro de voces que se contradicen, se anulan, se atacan. Y es ahí donde aparece la verdadera provocación: no en las respuestas, sino en las preguntas.
¿Existe una falta imperdonable? ¿O la misericordia puede alcanzarlo todo, incluso a quien vendió al Mesías? Judas es apenas el punto de partida: el verdadero juicio es contra nosotros, contra lo que callamos, traicionamos o justificamos en nombre de la necesidad o el miedo.

El peso del silencio
El elenco coral —Silverio Palacios, Nailea Norvind, Sebastián Silveti, Pedro de Tavira, Michelle Rodríguez, Mónica del Carmen y Luis Fernando Peña, entre otros— sostiene el vértigo de la obra con interpretaciones cargadas de ironía y vulnerabilidad.
Judas, interpretado por Silveti, permanece en gran parte en silencio, y en ese silencio se concentra todo el peso del montaje. “Es como cuando alguien muere —dice el actor— y de pronto todos empiezan a hablar de él, a inventar versiones para justificar lo que no entienden”.
En esa quietud, Judas se vuelve más cercano: un ser humano con errores irreparables, pero también con la pregunta eterna sobre si la culpa es un destino o una condena que nos imponemos nosotros mismos.

Escenario mínimo, preguntas infinitas
La escenografía de Emilio Zurita es sobria, casi desnuda, iluminada con precisión quirúrgica por María Vergara. Cada cambio de luz abre un pasillo invisible entre el juicio escénico y el juicio interno del espectador. La música de Rodrigo Castillo Filomarino acompaña como un latido subterráneo, recordándonos que todo veredicto es, al final, un acto emocional.
Salir del teatro no equivale a “terminar la obra”. La sensación es otra: como si el juicio hubiera quedado abierto dentro de cada asistente.

Un veredicto suspendido
Los últimos días de Judas Iscariote no busca absolver al traidor ni hundirlo en la condena eterna. Lo que propone es más inquietante: hacernos mirar hacia adentro.
Porque al final, la pregunta que flota sobre el escenario no es qué será de Judas. La pregunta, incómoda e inevitable, es qué será de nosotros.
FUNCIONES
*Lugar: Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn, C.P. 01020, Ciudad de México)
*Temporada corta: del 16 al 31 de agosto de 2025
*Viernes 20:00 h | Sábado 19:00 h | Domingo 18:00 h
*Duración aproximada: 140 minutos (con intermedio)
*Clasificación: Mayores de 15 años
*Boletos
Planta baja: $720 | $504
Planta alta: $360
De venta en taquilla y en: teatrohelenico.comprarboletos.com
Texto y fotos por Alma Olivares
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