Arco: la bondad a colores

Arco: la bondad a colores

Arco: la bondad a colores

Un niño viajero del tiempo llamado Arco aterriza accidentalmente en 2075, donde una niña, Iris, lo ayuda a regresar al año 3000.

Arco
Dirección: Ugo Bienvenu, Gilles Cazaux
Guión: Ugo Bienvenu, Félix de Givry

El fuego se expande por el mundo mientras dos chicos tratan de suplir su carencias afectivas apoyándose el uno al otro. No importa que se hayan conocido hace poco, tampoco que sean de tiempos diferentes y que evidentemente no compartan nacionalidad. Son niños y no tienen todos los prejuicios de los adultos para decidirse a ayudar a otra persona que se encuentra en peligro.

Arco, la ópera prima de Ugo Bienvenu, es una mirada dulce al future que se construye a partir de los actos de bondad y la empatía. Está cargada de simbolismos que aspiran a mostrarnos lo mejor de la humanidad en los actos de Arco e Iris, un par de chicos que no reciben la suficiente atención de sus padres, demasiado ocupados en sus trabajos como para pensar en las necesidades emocionales de sus vástagos.

Es sorprendente el modo tan tierno en la que el cineasta logra con esta animación 2D conjugar la crudeza del mundo de siempre con la actitud cálida de los infantes que buscan arropo.

Que sus trazos no nos confundan. No es necesario que sea más elaborada, es precisamente rupestre porque hacia el final del filme, una escena en una cueva explica muy bien las intenciones de Bienvenu, con esas ansias de aprender de nuestro pasado para no destruir nuestro futuro.

Pero más se agradece que no intente ser lacrimógena ni sensiblera. Construye la complicidad entre personajes de modo orgánico para hacer de Arco un híbrido entre la fantasía miyazaquina y lo más vistoso del cine de aventuras de Hollywood, sin dejar de reclamar su refinado toque europeo.

Con toques de comedia de vieja escuela y referencias a lo tres chifaldos, Arco juega con la idea del designio divino y el futuro escrito para reforzar la idea de que todo pasa por algo, y aún los momentos más desafortunados habrán de llevarnos a minutos de alegrías, a nuevos logros o grandes satisfacciones.

Aprenden tanto los adultos como los pequeños, porque todos los actos tienen consecuencias y en ocasiones quizás no sean las esperadas, pero a partir de entender qué salió bien y qué salió mal es que podemos procurarnos futuros más amables si nos atrevemos a resistir al descaro de un planeta que inicia incendios en cada rincón cada que quiere.

La cinta se olvida de los finales felices. Muy al contrario está llena de situaciones tristes, pero presume de una resiliencia encantadora para darle la vuelta a las tragedias para construir otras realidades menos pesimistas.

El filme es una invitación a la esperanza, a creer que en realidad existe ese premio prometido al final del arcoiris, o, todavía mejor, a comprender que con la suficiente luz siempre habrá un arcoiris que dibuje el cielo incluso después de la tormenta más agresiva.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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