La bruja: el regreso de esa maldad tan sugerente

 

Entre tanta reinvención, coqueteo con la cultura pop e historias que pretenden mostrarnos el antes de villanos emblemáticos del cine y la tradición oral, las brujas, así como otros espantos, han sido reducidos desde hace unos años a criaturas berrinchudas amargadas por algún designio fatal o incapaces de dejar atrás afrentas para tener una vida diferente. De vez en vez aparecen propuestas como “La bruja” para recordarnos que estos seres son la representación pura de la maldad.

Y pese a que estamos ante el filme de una entidad que ha vendido su alma a Satanás para servirle a cambio de un poder infinito, “La bruja” es una película de terror que causa miedo, pero es un temor razonado, no proviene de un ruido incidental o una cara horrorosa que aparece de pronto para causarnos repugnancia. Es más una cinta de suspenso que se centra en las consecuencias de los actos soberbios de los hombres, pero sobre todo, en la cerrazón de quienes adoptan la religión como una ley férrea e inquebrantable más que como una guía.

Imagen: www.theverge.com
Imagen: www.theverge.com

El debutante cineasta Robert Eggers hace un filme no apto para quienes gozan con vísceras volando por doquier o que enseñan al “monstruo” destazando víctimas cada 20 minutos. El “poder” de “La bruja” recae en lo sugerente, en lo que no se ve, en sumergirse en una atmósfera de misterio que provoca tensión y no espanto.

 

Y es que más allá del ente que amenaza a una familia británica que emigró a Massachusetts en 1630, el fanatismo religioso se coloca como el principal enemigo por encima de la esencia que deambula por el bosque en donde decidieron instalarse.

 

William (Ralph Ineson) y su familia son expulsados de una comunidad por sus creencias religiosas y deciden instalarse en una granja cerca de un nutrido bosque. La desaparición del integrante más pequeño de la familia ocasionará una serie de malos entendidos que llevará al enfrentamiento. Y en medio de todo, una supuesta bruja necesita sangre para fortalecerse.

Si bien hay una primera mitad que avanza lenta, el ritmo es para definir bien las personalidades y roles de los integrantes de esta familia, además de mostrarnos con fidelidad la existencia en medio de la nada. Y pareciera que, efectivamente, nada ocurre, pero, por el contrario, Eggers nos coloca en el núcleo de ese grupo que va resquebrajándose porque su comunicación es con la divinidad a la que rezan y no entre ellos.

Imagen: moviepilot.com
Imagen: moviepilot.com

Lo que se aprecia es un grupo confundido, lleno de miedo porque tienen que enfrentar una nueva forma de vida y las decisiones del jerarca en tiempos donde contradecir era prácticamente un boleto al destierro. Y el único modo en que pretenden hallar una dirección es por medio de los rezos, mismos que ayudan poco a los protagonistas al aferrarse a su terquedad.

Eggers nos va llevando de la mano hacia el terror, dado que el acto final es lo que realmente perturba una vez que los protagonistas se hallan indefensos ante el estado que eligieron.

La fotografía es realmente virtuosa y construye momentos de gran intensidad con elegantes juegos de campo y contracampo. Es como tener de frente a los maldecidos. El trabajo actoral es por demás exigente, pues a diferencia de otras cintas del género, aquí vemos a personajes desencajarse frente a nosotros, literal, porque la cámara así lo plantea.

Sin embargo, “La bruja” se vuelve tediosa por momentos, aunque ello ayude a que el director deje más que claro que el ser humano tiene todo el derecho de asirse a la fuerza divina que elija, sin olvidar que el principal artífice de su destino es él mismo. O como dice aquella otra máxima religiosa: “ayudate que te ayudaré”.

Imagen: bloody-disgusting.com
Imagen: bloody-disgusting.com

Sin ser espeluznante, cumple sin problemas con la encomienda de crear un miedo inteligente, que agradará al espectador de nutrida imaginación y que dejará indiferente a los que prefieren que se les presenten las cintas como si fueran bebés a quienes se les sirve la papilla. Como ejercicio de autor es brillante aunque con algunas carencias.

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Como pieza de entretenimiento laxo no tiene razón de ser, por lo que los amantes del cine de estruendos probablemente pidan mandarla a la hoguera como “La bruja” que es. No obstante, pese a su modestia y su falta de efectos visuales sofisticados, es una narración que reivindica a las hechiceras como lo que fueron desde hace muchos años: la encarnación más seductora del mal.

 

 

The Witch (2015)

Dirección y guión: Robert Eggers.
Protagonistas: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw.
Fotografía: Jarin Blaschke.
Edición: Louise Ford.

Texto publicado en Azteca Noticias.

Juárez Góngora

Es orgullosamente yucateco. Egresado de la licenciatura en Periodismo en un colegio de la tierra del panucho y el salbut. Le dio por conocer varias zonas del país hasta que se avecindó en la Ciudad de México, donde se dedica a hacer textos para el mundo del internet. Amante de la literatura, melómano, pero primordialmente cinéfilo, de niño repasó películas en formato Betacam una y otra vez, hasta que finalmente, un buen día, fue al cine y de ahí no pudo salir.

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